Gays… Los nuevos negros del planeta. Solo que, diferencia de nuestros amigos más tostados los gays pueden infiltrarse en la sociedad y aniquilarla desde dentro… poesía… cremas antienvejecimiento para hombres… beber con el meñique levantado… Gallardón…
Pero aún así, su mera existencia está justificada porque tocan los cojones a un gran sector de la población -lo cual siempre es bueno-, y ello repercute en el mejoramiento de las retransmisiones semanales televisivas vespertinas en el país en el que NO estoy, amén de que gracias a los gays se ha creado más ciencia ficción o ciencia delirante que en ninguna otra época, especialmente en el género religioso.
Pero vamos a lo que vamos, ¿hay o no hay cine gay? Yo no lo sé porque no soy gay y nunca lo seré, salvo que algún día lo sea y entonces, sí, lo seré; pero como ahora no lo sé, no veo películas gay y me las cuentan gentes que afirman que no son gays, pero que en el fondo sí lo son, los muy gays. Y yo me pregunto ¿cómo alguien puede decir con orgullo que ‘es gay’? Quiero decir, si alguien dijese o le dijesen que es “hetero” corre el peligro de darse un hostiazo si, ¡ay!, en una boda se encontrase con el Alcibíades de sus sueños. Esto durante mucho tiempo ha sido la actitud general de prácticamente cualquier mindundi con representación social: Iglesia, Familia, Ejército, Escuela. Pero ahora, fíjate tú, ocurre lo contrario: no sólo no nos hemos librado de las alpargatas del straight sino que encima hay modos de Ser y Estar en la homosexualidad. ¿Y si nos encontramos con nuestra Beatriz, tendremos que aferrarnos a nuestro orgullo? De alguna manera la cosa siempre se trata de elegir quién te da por el culo. Por los clavos de Cristo. A lo que vamos.
La Ley del Más Fuerte de Rainer Werner Fassbinder. El Fassbinder este era un bujarra y un drogadicto (valga la redundancia) de tres al cuarto. La película trata de un pavo pobre y mariquita (el mismo Fassbinder) que gana la lotería, y unos burgueses, mariquitas también se aprovechan del pobre muchacho hasta que le sacan todos los cuartos. Fassbinder dice que eligió personajes mariquitas y no parejas heteros para que la gente no confundiese el mensaje, que venía a ser que las relaciones de clase son de dominio y explotación y que no se trata de una mera cuestión pecunaria (si no, el Fassbinder se hubiera aburguesado) sino de formas interiorizadas e intransferibles de ideología y conciencia de clase. Pero Fassbinder era un drogadicto y un bujarra y además apoyaba a la RAF, así que era un terrorista y todo esto lo decía para confundir al público que lo único que veía era una película de mariquitas con bigote.

Saló o Los 120 días de Sodoma de Pier Paolo Pasolini
Si el Fassbinder tenía pluma, Pasolini debió ser un avestruz porque no sólo le dejaban hacer cine (lo flexible que era la gente de ayer, ahora a un Amenábar cualquiera sólo le dejan hacer basura para subnormales), sino que además, el muy infame escribía poesía, teatro y dibujaba. La peli trata de unos nazis muy malos que raptan a unos cuantos muchachos en la zona italiana ocupada por Reich allá por el año 44. Los llevan al castillo y les hacen todo tipo de perrerías (en efecto, los tratan como perros y les dan de comer en escudillas) y lo aderezan todo con prácticas escatológicas y homosexuales. Pasolini no habló mucho de esta película (se lo cargaron antes de que pudiese abrir la boca, pero si véis la películas comprenderéis se lo merecía) y normalmente se interpreta como una narración simbólica de lo que fue el fascismo en Italia: colaboracionistas, Iglesia, resistencia, decadencia burguesa… Todo tiene su lugar en la película. Seguramente todo sea una mentira inventada por Ministerio de Cultura para que el Vaticano no sacara los tanques a la calle (aunque poniéndome en la piel del Papa casi preferiría que sacasen a un obispo fornicando a que acusaran a toda la Iglesia Católica de colaborar activa y pasivamente con el régimen nazi y que un maricón lo contara en una de las películas más controvertidas de la época).
Querelle de Brest, de Fassbinder (otra vez)
Si no queríais Fassbinder tomad dos tazas. Esta está basada en la novela de Jean Genet (otro bujarra, parece un club). Georges Querelle es puto, traficante de opio, asesino, ladrón y sobre todo MARIQUITA, lo cual le da bastante sentido al personaje. Lectores míos, que no os gusten nunca los hombres si no queréis acabar en Las Barranquillas vendiendo papelinas. A todo esto, la novela y la película tiran mucho de una temática muy frecuentada por los franchutes que es el rollo del antihéroe canalla que se escapa de la policía, algo así como las novelitas de Phantomas publicadas a principios del siglo pasado donde ni el pedante de Sherlock Holmes tenía una oportunidad. Fassbinder no sale en la película (creo) pero se nota mucho su mano en la decoración, que es un poco como los carteles que anuncian tiendas de campaña y aspersores para el jardín en el Carrefour.
Y ahora estoy un poco cansado, mañana o pasado más.


Escrito por Hasterbin 
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