Oferta cultural dublinesa. No de oferta, más bien de saldo (II) – Apocalypse Now. Nou Nau.

Junio 29, 2007

En el capítulo I la serie Cariño, ¿qué hacemos en Dublín? cubrimos el dilettante mundo de la diversión nocturna, es decir, beber y beber, con lo cual no hay mucha diferencia a lo que se hacía en la Península menos Portugal.

Pero se conoce que no a todo el mundo le sienta bien eso del whisky, la pinta de Guiness et al.

A pesar de que el bebercio tiene mucho tiro, aún queda mucho por descubrir, re-descubrir y odiar, para finalmente volver a la bebida, en Dublín. Comenzando por:

a) Cines:
Todo buen europeo cultivado, megalómano, gafapastil disfruta de una buena tarde de cine viendo clásicos como Satantango, obra maestra húngara donde las haya, que trata de microhistorias del soviet y se extiende más allá de las 6 horas de paisajes ennegrecidos, silencios eternos y vacas rumiando pastos mientras el Kommintern decide como cargarse al director de la película por plasta.

Sin embargo, ya vengo diciendo de un tiempo a esta parte que Irlanda no es parte de Europa, así que el canon occidental que se aplica a la vieja Europa no sirve en Dublín. Ya he tratado anteriormente con la cartelera hollywoodiense omnipresente en los tres o cuatro cines multisalas en el centro de Dublín, no hace falta hacer más leña del árbol caído sobre filmes tan trascendentales y resueltos como Shrek III o Hostel II. Así que trater del IFI, que pretende ser el cine indepen-plasta de Dublín.

Siempre que uno iba a soltar sus eurillos por ver una peli rusa en la Filmoteca de Madrid o en algún cine escondido en el Quartier Latin parisino, espera al menos, ciertos servicios elementales, a saber:

- Cafés espressos servidos en tacitas minúsculas de porcelana que resuenen por toda la cafetería al menor suspiro.

- Población 3 a 1 de individuos gafapastiles. Los cuellos vueltos no valen desde los años 30 (lo siento por los admiradores de Jean Vigo)

- Al menos uno o dos señores con pinta de directores fracasados. Esto es obvio para conceder al cine un aire de lugar bohemio y por supuesto no vale cualquier genotipo para estos menesteres. El proto-director debe:

    a) Llevar barba blanca y larga, pero sin parecerse sospechosamente a Papá Noel.
    b) Tener pelo rizado y alborotado, a la par que gafas gruesas de pasta (no gafa-pasta) y llevar chaqueta de pana. Debe tener un toque de pederesta o en todo caso de Humbert Humbert dispuesto a iluminar a alguna adolescente revolucionaria en los secretos más bertoluccianos de “su” cine.

- Tipas con pinta de hippie o de encanutadas. Un palestino, alguna rasta suelta, un bolso de punto y pulseras y/o cascabeles harán el resto.

Asàda gusto ir al cine.

Nada de esto sucede en Dublín, como habréis adivinado. De hecho lo que ocurre es:

- El director del IFI se da una vuelta por París, mira las carteleras y toma nota de los últimos éxitos cinematográficos en lengua francesa. Después se toma un café expreso, se acuesta con alguna prostituta y adquiere los derechos de proyección de esas películas (no de la prostituta, sino del consorcio francés). Resultado: al mes siguiente tenemos un festival de cine francés en Dublín. Lo mismo con el ciclo italiano, australiano, indio, español… Si es que no para, el vicioso.

- Los alternativos o gafapastas suelen ser siniestros que aman a Satán y quieren hacerle el amor al cadaver de Kurt Cobain, y en realidad les importa más lucir lo que se acaban de comprar en el Urban Outfitters (camisetas con calaveras, calzoncillos con calaveras, calaveras con calaveras), odiar a sus padres, beber alcopops y gastarse la paga semanal, que los fallos de raccord de Ciudado Kane. Lo cual es de agradecer pues tras la película sólo emiten tres opiniones: 1- It was brilliant 2- It was crap. 3- Te haré el amor salvajemente en una cama hecha con lágrimas negras de cristal. Esto último lo tendría que confirmar, porque creo que no lo entendí bien.

- Los directores de cine con pinta de pederastas son simples pederastas sin más, extirpando toda la gracia de la chaqueta de pana, el pelo rizado y demás. No suelen ir acompañados de estudiantes de cine con pinta de Charlize Theron sino más bien por el puerta polaco que les invita amablemente a salir del recinto. Las más de las veces tienen la nariz roja y llevan una lata de Stella Artois en el bolsillo.

- Los cafés espresso son cafés americanos en vaso de papel con una arandela de cartón para no quemarse y hacer creer al poseedor que está Nueva York. A ver, señoritas irlandesas: no estáis en Nueva York, así que no hace falta ir aparentando que vivís en una ciudad “frenética” y que por eso no tenéis tiempo para beberos un café hecho de restos de agua del cubo de la fregona y por eso lleváis cafés take-away a todos lados. Dublín no es Nueva York, ni los dublineses aparentáis lo más mínimo ser neoyorkinos.

Pasado mañana daré una lista de restaurantes dónde NO ir.


EL CINE TOTAL: CINE FRANCHUTE

Junio 19, 2007

El mejor cine del mundo es el cine franchute. Como bien saben mis lectores, yo no tengo un particular cariño a nuestros vecinos gabachos: son unos gorrones, su vino viene de cepas americanas, votan a Lepen incluso cuando la mayoría de su población es, ejem, tostadita y nos invadieron hace un par de siglos.

Pero a la hora de hacer cine, olalá. En España, por ejemplo, tenemos a: Carmen Sevilla, el culo de Maribel Verdú (si alguien puede describirme su cara después de haber visto sus películas, le mando un par de DVD’s), Victoria Abril que por si no la conocéis es una especie de fusión Goku-Vegeta entre Ágata Ruiz de la Prada y Carmen Sevilla. En Francia, ISABELLE HUPPERT, y os aviso que como alguien diga algo de esta insuperable actriz porno reconvertida a actriz normal le acribillaré personalmente, la de Ámelie no porque instauró el gafapastismo femenino, Juliette Binoche, Catherine Deneuve (a ver, a ver, que levante la mano la actriz española que ha hecho una peli con Buñuel), y un gran etcétera que empieza por Emmanuelle Behárt.

Salvando una película rumana que vi hace tiempo en el que salían enfermeras rumanas y ¡atención! eran enfermeras de verdad y no de esas que llevan la minifalda corta y te sugieren al oído con esos morros plastificados: creohhh que necesitaaaas una inyección ¡slurp!, no conozco cine con pibones más bellos que los del cine francés (quizá el italiano, pero es que yo solo me supositorio Pasolini, que tengo una imagen que dar)

Pos eso

La peli en cuestión se llamaba The death of Mister Lazarescu que era un señor rumano QUE no vivía en España sino en Rumanía y que NO, NO trabajaba en la construcción ni se caía del andamio borracho. Y que luego digan que el cine no abre fronteras. El pavo en cuestión estaba en su casa postsovietica sufriendo un ataque al corazón y meándose en los calzoncillos, y cuando pide ayuda a sus vecinos estos le reprochan que bebe demasiado. Luego llaman a una ambulancia y dos horas después viene una enfermera (ésta es fea) y le dice que ella no sabe nada de nada de la enfermedad que padece. Después van de hospital en hospital buscando un doctor que quiera atenderle y bueno, a partir de aquí es más o menos lo mismo que en España, soplapollas vestidos de batas, enfermeras guapas y golfísimas, así que no me extiendo mucho porque todos habréis sufrido en vuestras carnes el maravilloso mundo de la Sanidad y sus facultativos. Pues aplicaros el mismo cuento pero en castellano. Al final el tío se muere o no, pero está a puntito de pasar por la picadora de carne para hacer comida para perros.

A lo que íbamos, cine franchute. De todo el elenco de cine francés he elegido estos filmes que a buen seguro harán las delicias de más de un lector:

La batalla de Argelia: no es exactamente una película francesa, porque la dirige un italiano y la música es de Ennio Morricone (mi redactor me susurra al oído que Ennio es Dios personificado, porque está en todas partes). La historia trata de la insurgencia argelina (F.L.N.) dando caña a los franchutes en Argelia. La cosa pinta bien para los moros hasta que aparecen la brigada de los paracaídistas y su teniente-coronel Marcel Bigeard, que, como dice una asidua del foro tiene un “joder suave”. Esto es, el tipo no le hace ascos a torturar a argelinos para conseguir información y cuando los periodistas salvapatrias le recriminan esa actitud el tipo se baja lentamente las gafas, les dirige una amplia sonrisa afrancesada y les dice algo así como: “Pero vamos a ver, chavalada, ¿vosotros que queréis? ¿Tomar croissants y caracoles bajo el cielo argelino o que un pintamonas como Sartre os diga lo que es y lo que no es Francia?“. Los periodistas, claro está, no pueden sino quedarse encantado y casi llegan a aplaudir el uso extensivo e indiscriminado de la picana a todo aquel que huela a F.L.N. (por resumirlo, a todo aquel que no tenga tasas de melanina muy altas).

A tomar por culo, Albert Camus

La peli termina bien: todos los del F.L.N. son exterminados y los militares se van a comer queso francés a la tasca del barrio. Argelia consiguió la independencia más tarde, pero fue debido a circunstancias que no atañen ni a Francia ni al teniente en cuestión

Mi mejor amigo: típica peli francesa que odian los franceses por ser demasiado fieles a la realidad. Un tipo francés, parisino, marchante de arte, cuya socia es un pibón que es lesbiano (nota: todos los parisinos son de esta calaña. Al parecer en París no hay taxistas, administradores de sistemas, panaderos, barrenderos, sólo marchantes de arte o pintores con boina) no tiene amigos, así que hace una apuesta con la lesbiana asegurando que él sí tiene amigos. Conoce a un taxista (que no es parisino, pero sí francés) tienen una relación homoerótica encubierta por millones de símbolos (monumentos griegos, batidos que comparten, una cena en casa de sus padres) y al final todo sale mal, porque el taxista descubre la apuesta, pero como gana el 50×15 y es rico, pues dice, que qué coño, que lo importante es la salud y los amigos, así que el final es una terrible escena de intercambio de miraditas con acordeón de fondo, gestos de soslayo y la sugerencia de que el marchante de arte quizá ha comprendido, a través de su compañera lesbiana, que hay otras formas de expresar el amor y más sobre todo si eres francés.

Au revoir, les enfants: Louis Malle es uno de los grandes directores del cine francés, lo cual no le impide hacer películas que tocan los cojones al proletariado, en especial, a todos aquellos que iban de listillos en la republica de Petain y se hicieron amiguitos de la GESTAPO. En esta ocasión, un niño judío francés es alistado subrepticiamente en un seminario católico. Los padres del niño debían ser gilipollas, porque total: el niño tiene el pelo rizado, está circuncidado y peor todavía, lo han enviado al seminario francés con la Torá bajo el brazo así como las velitas típicas de los rituales judíos. Es como si al chaval le hubieran puesto en la espalda un cartel en la espalda diciendo: ¡eh! ¡soy judío! Chicos de la Gestapo, si me atrapáis y me mandais a un campo de concentración, me haréis feliz. Evidentemente, y como en casi todas las películas francesas hay escenas homoeróticas entre el niño católico y el judío, y a posteriori descubren que no importa demasiado que crucificaran a nuestro Dios, total, se lo merecía.


Oferta cultural dublinesa. No de oferta, más bien de saldo (I)

Junio 5, 2007

A mí los bares y discotecas en Dublín me parecen todos sospechosamente iguales. A todo el mundo se le llena la boca de cabello de ángel hablando de la noche dublinesa y yo no la encuentro por ningún lado. En esencia hay tres tipos de bares/pubs/discotecas donde pasar la noche (cuando digo noche, digo hasta las 3 de la mañana, eso si tienen permiso, claro)

a) Pubs – El pub de toda la vida, suelo de madera, paredes empapeladas con dudoso gusto; pubs donde la gente va, se sienta y se cuece mientras hablan de las hambrunas de hace dos siglos y la independencia irlandesa de hace ¡tan sólo! uno. Joder, es que ni siquiera amenizan la tarde hablando del IRA y de cómo fabricar amosal, porque una vez separados del norte no quieren saber nada de ellos. Al principio hace gracia lo de 800 años dominados por los ingleses, pero tras dos años oyendo la misma brasa uno empieza a desear que en efecto se hubieran quedado bajo dominio inglés. Entonces sólo se dedicarían a beber, apalear pakistaníes y extender la sífilis más allá de sus Reales fronteras y no a dar la plasta, amén de evangelizar el mundo a base de Guiness.

b) Pubs-discotecas: Son en esencia lo mismo de arriba pero con una proporción menor de nativos. Suelen ser enormes y suelen poner los cuarenta principales de aquí, es decir, los mismos que del Reino Unido, que si R’n'B, Michael Jackson y alguna cosa más que repiten hasta dos o tres veces por noche. Los precios, más altos, claro. Como hay mayor proporción de extranjeros las posibilidades de caer en una conversación como la que sigue son de 9 entre 10.

Personajes:

José, ciudadano español, 24 años, dos meses haciendo como que estudia inglés en Irlanda.
Martina, ciudadana italiana, 23 años, dos meses haciendo como que trabaja en un restaurante italiano. (Viva Italia, ahora ya no sé qué pueblo es más idiota de los dos).

Lugar:
Fitzsimmons o sinónimo (Hogan’s, Turk’s Head)
Jose:
Jelou!
Martina (con entusiasmo):
Helou!
Jose:
Güer ar yu from?
Martina:
Aiam-á fróm-e Ítali? Ánd-e iu?
Jose (confiado):
From Espein! Come estai!
Martina (gesticulando con las manos hacia atrás, porque no sabe cómo conjugar el verbo ‘tu bi’ en pasado):
Aiam-á in-e Spein-e, very very very biutiful-e siti?

Y así durante dos horas, al cabo acabarán enrollándose, saliendo juntos durante un par de meses y Jose yendo a Italia a trabajar con Martina, dándose cuenta, una vez en Lazio, que Martina tenía novio y no le había dicho nada, con lo cual Jose habitará durante un par de meses los bares de la región del Abruzzo creyendo poder encontrar allí el mismo espíritu festivo del Fitszimmons y dándose cuenta, para su terrible pesar, que las italianas son incluso más cautas que las españolas, con lo cual desistirá y volverá a su Cáceres natal, donde todos sus amigos y sobre todo, su amiga de la infancia Claudia, le están esperando. Se casará con Claudia y le contará a sus churumbeles su inefable aventura por medio mundo, si contamos por medio mundo O’Connell Street, Temple Bar y un par de calles por Italia.

(Mutis por la izquierda)

c) Discotecas: Segunda residencia de nackers y polacos. No tienen el encanto ni el desenfreno de las discotecas madrileñas más cañeras, es decir, pollos a cinco mil, GHB, ketolar, mitsubisis, tías con rastas y piercings… De hecho, muchos de estos sitios no tienen políticas estrictas de admisión, por lo que pasar es ciertamente sencillo quitándole proselitisimo a la cosa. Por cierto, ¿soy el único que se ha dado cuenta del híbrido knacker-polaco (polacker según una adepta a este blog) que se está empezando a sentir en el centro de Dublín? Ya se empiezan a ver los primeros conciudadanos polacos con gorras neoyorkinas, cabezas rapadas y escuchando techno-soviet en sus tiendas de liberación de móviles y delicias de Cracovia. No sólo eso, se colocan detrás de ti en la cola del cajero y te dicen cosas tan soviéticas como: “Can I show your PIN number?” Sí, hijo sí. Y la cartilla de racionamiento sí quieres, que en Spain también sabemos de eso. Por supuesto, no dije nada en esa ocasión, tapé como pude mi PIN y salí corriendo a escribir este post.