Para los pocos avezados en esto de la música española les diré que desde hace varios años existe un grupo español financiado por el lobby PRISA llamado Astrud, y que se encuadraría en lo que llamaríamos “música independiente” o mejor dicho “música que se hace pasar por independiente”. Como es un grupo de/para gafapastas, generan amor y odio a partes iguales, no es nada nuevo: la sociedad odia a los gafapastas y los gafapastas se odian entre ellos.
Esto de los grupos “indies” es como las películas pornográficas amateur financiadas por la Hustler o la Private: aunque las mamadas y anales estén grabados con una cámara digital de 600 euros en un parque, las venillas en las tetas, el bótox, el rasuradito sin granos y el rímmel en pegotes le restan espíritu, por no decir credibilidad a la paja: ni una arruga fuera de lugar, ni una lorza que se escape debajo del tanga; en fin, un bluff en toda regla. A ver, que la cadena mamada-vaginal-anal-”mecorroinyourface” está muy vista, Larry Flint. Los grupos indies en España, y en general todos los individuos de la farándula que ha abrazado el nihilismo y la metafísica (directores one-shot de cortos, músicos, poetillas y poetastros que van de Rimbaudes, y críticos apestosos de la Filmoteca) tienen una característica en común particularmente molesta: son ancianos. Si la música indie suponía una hostia a los carrozas del rock y el heavy, ¿qué cojones hacen Los Planetas tocando después de trece años? ¿Y Alaska? En fin. Treintañeros, a vuestras hipotecas.
Vds. se preguntarán: pero, a ver Hasterbinn, si la música es una mierda, si las letras dan asco, si los tíos son gafapastas a los que empiezan a acojonar los problemas de enuresis nocturna, ¿cómo sobreviven? ¿por qué tienen tanto crédito? Quiero decir, a ti te pasa lo mismo y tú no eres famoso. ¿Por qué ellos sí y tú no? Ahí va mi respuesta, queridos acólitos.
1 – Yo tengo como padrino a un informático. Ellos aparecen en el Tentaciones. Que también tienen informáticos pero gafapastas.
2 – Yo no soy de una ciudad de renombre, ellos son de Barcelona. Que en España es como ser de París. Y como ser de París es ser artista automáticamente pues más puntos a favor. Ser de Madrid es o ser gris o ecuatoriano.
3 – Yo no hago música. Ellos tampoco pero hacen creer que sí.
4 – Ellos hablan de Deleuze sin ninguna autoridad. Yo también me leí Mil Mesetas y Capitalismo y esquizofrenia y también lo menciono con cierta frecuencia pero dadas las circunstancias su Deleuze tiene la polla más grande que el mío. No es lo mismo si cito en una revista española que Deleuze era incomprensible y que eso se ha publicado en un fanzine parisino, que yo diga que Deleuze se pegaba con Foucault en un blog que se publica… desde Irlanda. Mierda de país sin carisma.
5 – Conectan con el público más joven. Cuando digo conectan, no me refiero musicalmente, sino culturalmente. Porque vamos a ver, cuando estos tíos se ponen a hablar del Coche Fantástico, el Equipo A, Heidi y series grasientas por el estilo NO QUIERE DECIR QUE LAS VIERAN EN SU ÉPOCA. Este es el golpe mortal que hace a los veinteañeros (y veinteañeros, lectores gafapastiles, quiere decir la franja de edad entre los 20 y los 29 años. No la franja entre los 20 y los 40 y muchos…) Cuando estas series estaban en auge en España el público de Astrud et al. tendría unos 10 años, es decir, el tránsito entre niñez y adolescencia, ese mundo mágico donde los click de Playmóbil y los GI Joe suponían independencia, creatividad y blablabla. Un cálculo rápido y sabemos esta gentuza estaría ya en sus buenos veinte años, es decir, en la Universidad, fumando canutos, pinchándose heroína, viendo películas sobre el Lute y asistiendo a conciertos de Alaska. Que no me vengan ahora con que les gustaba Battle Star Galactica o Las aventuras de Marco porque es mentira. Lo primero: a nuestra generación no nos gusta, es más, nos parece lamentable pero forma parte de nuestra infancia, como los motes de los profesores o las conchas Codan, y más lamentable aún es que un cuarentañero calvorota se haya hecho experto en estas gilipolleces y trate de hacernos creer que es moderno. Es como cuando tu viejo te saludaba y te decía, ¿qué pasa, colegui? ¿todo dabuten? ¿vas a ver a toda la basca, o qué? Si te viene mal diles que se vengan a la kelo Que no papá, no seas subnormal, que no funciona. ¿No te das cuenta de que a ti te está creciendo vello en lugares insospechados y asquerosos como la nariz y los pabellones auditivos?



Escrito por Hasterbin 

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