Debido a que mi editor ha perdido del todo la cabeza y a buen seguro emigre a otro país más cálido, la frecuencia de mis posts ha ido disminuyendo en estos días. La historia de mi editor es predecible por cualquiera que haya visto un par de películas americanas de la lista que voy a publicar más abajo. Típico joven JASP, brillante, bien parecido, potencialmente homosexual, con aires intelectuales, 1.80, trepando como un mono por la entidad financiera donde trabaja(ba) que un día decide dejar el Porsche, el traje de Armani y la rubia siliconada para dedicarse a los negritos de África o a escribir un libro. Bien por él, bien por ti, subnormal. Ya me contarás cual es el resultado de tu búsqueda interior cuando nos alimentemos de raíces y chupemos piedrolos. ¿Quieres que te diga cuál es el resultado de tu búsqueda interior? Un hígado, dos riñones y otros órganos viscosos.
A lo que iba: películas y/o libros (OH DIOS; VOY A HABLAR DE LIBROS!!!) de JASPs/WASPs que reflejan el infortunio de mi editor.
El Club de la Lucha
Si algo me ha sorprendido siempre de esta película es la amplísima aceptación que ha tenido entre los tíos y la absoluta indiferencia que produce entre las tías. La historia es: un tipo WASP no encuentra el sentido de la vida hasta que se topa en un avión con Brad Pitt, pasan una noche bebiendo y fumando y discutiendo acerca del sentido de la vida y acto seguido se van a vivir juntos. Brad Pitt se pasea en batín por la casa y el otro pinpín que no me acuerdo cómo se llama, va a trabajar porque alguien tiene que pagar las facturas. Crean una especie de club donde se reúnen muchos hombres sin camiseta, dónde se abrazan y se pelean.
Es decir, estamos hablando de una peli de MARICONES. Un club donde no permiten pasar tías, donde machos alfa embadurnados en aceite frotan sus cuerpos bajo luces de flexo en garajes y callejuelas oscuras es lo más bujarra del mundo. Todo, absolutamente todo, es homoerótico-festivo: desde la elección de los protagonistas (el pinpín WASP también apareció sodomizado en American History X), la obsesión por el jabón con todas las connotaciones que ello conlleva, el supuesto placer por el dolor, Brad Pitt. En fin. ¿Alguien ha visto la escena de La caída de los Dioses donde cientos de teutones se recluyen en una casita de campo para beber cerveza y dormir “juntos” en calzoncillos? Chavales, Visconti lo había inventado antes.
El hombre de los dados, Luke Reinhardt
El protagonista, un psicólogo o psicoanalista de éxito, está aburrido de su vida de ricachón: su esposa, sus hijos, su homecinema y su trabajo bien remunerado le aburren. Así que un día se encuentra unos dados y decide, sin meditación previa, que a partir de ese momento su vida se dirigirá según lo que le dicten los dados. Esto es: si sale uno, que me den por el culo; si sale dos, me leo un libro de Pérez Galdós, etc. Es evidente que el tipo no lanzó los dados para decidir si el resto de sus acciones debían ser decididas por los dados, porque imagino que si los dados le dicen: mira, pues no, no utilices más los dados, pues el jugo del libro acabaría y las trescientas páginas restantes tratarían de las conferencias, fiestas, amores y desamores y demás banalidades que el psiquiatra viviría luego de su fallido intento de hacer una vida nueva a costa de los dados.
A todo esto he de decir que el psiquiatra es un poco tramposo con lo de los dados. El tipo se afirma en su decisión dejando su voluntad al cargo del puro azar, pero claro, siempre es él el que pone las opciones a elegir. Así que, por ejemplo, si quiere petarse a la vecina no dice: del 1 al 3 me la peto, del 4 al 6 no me la peto; sino más bien: del 1 al 4 me la peto un rato, del 4 al 6 me la peto del revés. Y así miles. La novela va tomando calibre conforme va a avanzando hasta constutuir una especie de movimiento mundial en el que una secta toma sus decisiones de acorde con los dados. No menciona si la industria de fabricación de dados experimenta una espectacular crecida en bolsa pero supongo que sí. Es un buen tema tratar en la siguiente novela.
American Psycho
Un niñato de Harvard obsesionado con las tarjetas de visita con textura de cáscara de huevo decide que tonificarse la tez todas las mañanas con algún pote hecho con grasa de cabra, follarse pibones a pares, golpear a prostitutas y demás lindeza no le llena, así que, por qué no: se dedica a matar gente. Éste individuo no expande su ideología nihilista más allá de la mesita de su casa, donde el uso de posavasos es obligado y demás tonterías. La película está en el justo límite entre el absurdo y la subnormalidad. Yo no sé que me pasa últimamente pero cada vez entiendo menos las películas contemporáneas. ¿Por qué pasa lo que pasa en American Psycho? A ver, yo veo Harry Potter y gilipolleces así y digo: ¡ah, vale! Harry Potter es impotente y por eso se mete una escoba entre las piernas, en plan sustituto fálico. Pero en American Psycho no me pispo de nada. Es decir, el tipo es un ejecutivo. Bien. El stress le puede. Vale. Empieza a matar gente. Hum. Y luego todo es una fantasía. ¿Quééééé? ¿Por qué? ¿Por qué no va a la cárcel? A veces me pregunto por qué hay tantas películas. Si, por ejemplo, el tipo va a la cárcel se podría continuar la película con los reductos de American History X. Y al salir de la cárcel, podría montar un grupo de lucha, como el del Club de la Lucha. Ay, si me diesen unas cuantas pelas, fusionaría cual pokemon todas estas películas absurdas y les daría un sentido.
Time Out o L’emploi du temps, Laurent Cantet
Peli francesa – como no podría ser menos – basada en hechos reales. El hecho real fue este que sigue: un tipo llamado Jean-Claude Romand estuvo engañando a su mujer y familia haciéndoles creer no sólo que se sacó la carrera de medicina sino que consiguió el título de doctor y que investigaba en el campo de la arterioesclerosis. Dieciocho años después (recordemos que al principio fue una mentirijilla a sus padres, algo del estilo: papá, he aprobado histología, cuando en realidad le habían echado de la carrera) el pastel se descubre y el bueno de Jean-Claude se cargó a su mujer, sus dos hijos y sus padres, así como al perro, no fuera a ser que fuera un chivato y lo confesara todo. La peli no llega tan lejos, en este caso el tipo es un consultor financiero a quien dan la patada, así que el tipo se inventa que tiene un curro en Ginebra para el desarrollo del tercer mundo. Asimismo, empieza a embaucar a vecinos y amigos en una inversión de tipo piramidal que les reportará pingües beneficios, aun a sabiendas de que el negocio es sucio. El final os lo podéis imaginar: todos los saben, su familia le perdona, sus amigos le perdonan y el tío vuelve a trabajar. Conclusión de la película: no importa la cantidad de excusas que pongas, al final tienes que volver al tajo.


Escrito por Hasterbin 


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