Un tipo con pinta de bohemio recorre las calles de Estrasburgo, FRANCIA (como no podría ser de otra manera). Se sienta en un café, dibuja a tías. Cree reconocer a una y la persigue. Después de dos horas o así (de película, no se sabe cuántas horas utiliza en el action-time), la tía se gira y le dice: oye, ¿me estás persiguiendo? Y el tipo: Pues sí, ¿no serás tú Sylvia? Y la tipa: No, y deja de seguirme. El tipo, despechado, se liga a una gótica y se termina la película.
Los dos protagonistas, tipo perseguidor y tía perseguida, son guapos. Si fueran feos, a nadie le hubiera importado un pepino esta película. A todo el mundo le parece aburrida, la mayoría lo dice pero la minoría proselitista entre la que nos incluimos yo y algún otro crítico creemos que es una maravilla de la contención y el buen hacer de cine. Creemos fehacientemente que cada cuadro, cada gesto de los protagonistas es necesario (sic). He buscado en blogs y pone que la peli está “perfectamente construida” y no lo pongo en duda. Es igual que si a una caja de cartón le hago una ventana y una puerta con unas tijeras y luego la pinto con témperas: es una casa y está perfectamente construida. Pero claro, que uno pueda habitar en ella es una historia completamente distinta. Mira, además la metáfora me viene al pelo, porque la obra maestra de Guerín se titula En construcción y trata de edificios que se construyen y que se pueden habitar.